Todavía me duele.
Su cara se había desdibujado en mi mente; se había convertido en un rostro más del que ya casi ni me acordaba. No recordaba la forma que tenía su nariz, y el color de sus ojos había pasado a ser un simple marrón sin ningún matiz. ¿Tenía una peca en la barbilla, o quizá en la parte superior de su ceja izquierda? No recordaba cómo era sentir su pelo al deslizarse entre mis dedos… había olvidado hasta el sonido de su voz. Y su risa, ¿cómo se reía? De su sonrisa, lo que más me gustaba, ya no sabría ni describirla, cuando antes la podía pintar hasta con los ojos cerrados.
Había pasado demasiado tiempo, o quizá no tanto. Quizá había sido el dolor causado el que hizo que me olvidase de cada parte de su cuerpo para que dejase de doler. Pero a veces seguía doliendo, aunque hubiese pasado a ser un simple recuerdo borroso. Era una cicatriz más profunda que ninguna otra en mi corazón.